Redescubrir la misión de la empresa: Una entrevista a Enrique Shaw


A TRAVÉS DE UNA METODOLOGÍA CUALITATIVA, LOS AUTORES SE PROPONEN DAR RESPUESTAS A LOS DESAFÍOS DE HOY A PARTIR DE DISTINTAS INTERVENCIONES HISTÓRICAS DEL FUNDADOR DE ACDE.

 

Por Sara Crito de Shaw y Héctor Rocha (Profesor del IAE)

¿Cuál es el rol de las empresas en el desarrollo integral de las personas, las organizaciones y las comunidades? En un artículo previo[1], se argumentaba que, para entender la relación entre empresa, negocios y desarrollo es necesario redescubrir la misión de la empresa.

Esta afirmación se basa en tres hechos relevantes: los criterios elaborados a partir de la filosofía y las ciencias sociales[2]; el resurgimiento de la dirección de empresas como una fuerza para el bien, teniendo como nortes la dignidad humana y el bien común[3]; y la experiencia de empresarios que han dejado huella tanto con su ejemplo como personas como con su obrar.

Respecto de este ultimo hecho relevante, es decir, experiencias de empresarios y dirigentes, para poder aprender de estas es necesario un proceso de investigación cualitativa, basada en la historia y en entrevistas en profundidad. Por ejemplo, en una entrevista a Jay Coen Gilbert, cofundador de B Labs, se profundizan las premisas del sistema capitalista a la luz de la experiencia de las B Corporations, que son empresas con un triple propósito: económico, social y ambiental.

El presente artículo sigue esta línea experiencial: se le plantean las mismas preguntas a Enrique Shaw (1921-1962), empresario argentino que priorizó el bien común y promovió el desarrollo humano en las empresas donde trabajó, inspirándose en la Doctrina Social de la Iglesia. Fundó la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), entidad que forma parte de la Unión Internacional de Empresarios (Uniapac)[4].

Las respuestas fueron elaboradas a partir de una metodología de investigación cualitativa, utilizando conferencias, biografías, entrevistas y especialmente sus documentos personales, los cuales se encuentran detallados al final del artículo.

I.- Contexto:

El sistema capitalista está bajo asedio. “¿Cómo arreglar
el capitalismo?” (Harvard Business Review), “Capitalismo 2.0” (Drucker Conference) y “El capitalismo cuestionado” (Academy of Management Conference) son solo algunos de los títulos con los que prestigiosas organizaciones, académicos y profesionales han resaltado el alcance de la crisis. ¿Estamos presenciando la caída de un sistema para dar paso a uno nuevo? ¿Es posible encontrar la solución dentro del propio sistema capitalista, haciendo algunos ajustes, o deberíamos buscar nuevas hipótesis y empezar de cero?

“La economía forma un todo, es decir que no es ya posible disociar la economía de la empresa de la economía nacional, ni aun de la mundial. No se puede concebir la empresa sin una referencia a una economía global, ni sus planes individuales sin su armonización con los generales. La empresa necesita una economía en desarrollo y, a su vez, el desarrollo económico necesita de la empresa” (SHAW, 2010: 98).

 

La empresa necesita una economía en desarrollo y, a su vez, el desarrollo económico necesita de la empresa

 

 

 

 

 

“Lamentablemente, durante generaciones enteras la atención de los empresarios se concentró en la sola vida de sus respectivas empresas. Esto se explica, en parte, por la convicción de que la búsqueda del propio interés de cada uno era la mejor garantía de la realización del interés general. (…) De todos modos, todo esto condujo a un concepto de empresa como ente particular o privado, que puede ser equívoco cuando significa prácticamente que el funcionamiento de la empresa, en la determinación de sus objetivos, se realiza sin preocupación alguna por la relación con la colectividad nacional” (SHAW, 2010: 98-99).

“Esa visión está evolucionando, en especial porque hoy se reconoce generalmente el hecho de que las decisiones de ciertas empresas afectan de manera decisiva la satisfacción de las necesidades de todos los miembros de la comunidad nacional. En muchos casos, especialmente cuando se trata de empresas grandes, los efectos de las decisiones son irrevocables. Si no caben las decisiones dentro de las posibilidades de la economía nacional, pueden resultar perjudiciales para todos. Esto se verifica, sobre todo, en el campo de las inversiones. Son estas decisiones de gran alcance y se proyectan en un futuro lejano. Por otra parte, dado que surten sus efectos solo a largo plazo y, en muchos casos, no se manifiestan públicamente, sino después de un tiempo largo de preparación, resulta el peligro de que los programas de inversión de varias empresas particulares se multipliquen o se contradigan mutuamente, de tal manera que no sea posible restablecer una armonía posterior de programas ni remediar el perjuicio ocasionado a la economía general” (SHAW, 2010: 99).

“Prácticamente, la armonía de los programas y planes de varias empresas no se consigue sin una armonización consciente, una ‘economía concertada’, o sea, sin una planificación común. Se entiende que esto no significa planificación estatal, que resultaría innecesaria si todas las fuerzas económicas de la nación (todas las empresas y todos los grupos que participan en las actividades de las mismas) colaboraran espontáneamente en la preparación y en la ejecución de un plan económico armonizado.

“A veces surge la idea de que no hay planificación sin planificación imperativa, autoritaria, impuesta por la fuerza, especialmente por la fuerza pública. Es la idea más perjudicial para el indispensable desarrollo de la planificación. De hecho, y en un principio, la planificación más perfecta no es la más autoritaria, sino, al contrario, la más libre, aceptada y voluntaria. Solo cuando faltare aquella colaboración, y en la medida en que faltare, puede el Estado verse obligado, por razones del bien común, a provocar la reunión de quienes tienen el deber de armonizar sus programas (…)” (SHAW, 2010: 99-100).

“La empresa libre solo puede encontrar seguridad para su desarrollo en una democracia y la democracia no existe donde no hay sindicatos, porque su ausencia provoca tal intervencionismo del Estado que mata la libertad económica y con ella la libertad política” (SHAW, 2010: 32).

“Desde un punto de vista económico, nada es más necesario para la prosperidad de un país que dejar un gran campo libre a la libertad y a las iniciativas de los hombres que tienen el coraje de asumir grandes responsabilidades personales y de poseer empresarios capaces, activos y honrados” (SHAW, 2013: 54).

“La empresa privada es inmejorable para producir bienes, y lo que mejor se acuerda a la dignidad del hombre. Pero que no vaya contra el bien común. Que sea bien distribuido el fruto. Una patronal que no busca más que defender su posición es incapaz de mantener la paz social” (SHAW 2013: 59- 60).

“Debemos fomentar el desarrollo, sobre todo donde se emplea mucha mano de obra, donde se utilizan recursos naturales, donde se reemplazan las importaciones, donde se incentiva la exportación. Es necesario defender a la clase media, resistir las presiones inflacionarias sobre el costo de vida, tanto del sector obrero como del empresario. Tenemos que continuar con el cambio de estructuras en marcha, dando prioridad a la productividad obrera y empresaria: No se trata de protegerlo todo, sino de lo que se puede hacer económicamente, competitivamente. Triángulo de los economistas: hay que tratar de equilibrar la libre empresa, la expansión y el pleno empleo” (SHAW, 2013: 58- 59).

“No hay que descuidar el progreso técnico ni el económico. Hay que extender la propiedad privada. Es necesaria una distribución más justa de las riquezas. Hoy es cosa sabida que nada anda bien en una sociedad en la que muchos están mal” (SHAW, 2013: 55).

 

II.- Compañías:

 ¿Cuáles son las características de un sistema socioeconómico con rostro humano, social y medioambiental, además de fomentar la prosperidad material? ¿Cuáles son los objetivos de la empresa?

“Un desarrollo que fuera solamente económico, considerado como un fin en sí mismo, tarde o temprano deberá afrontar las consecuencias de su desequilibrio respecto del hombre, y lleva fatalmente al desorden y a la tiranía. Es así como los regímenes marxistas necesariamente son tiránicos, dado que solo procuran resolver los problemas económicos” (SHAW, 2010:147).

La empresa tiene las siguientes dimensiones:

  • “a) es una realidad económica que se presenta como un sistema de recursos (de trabajo, capital, conocimientos técnicos, etcétera) organizados a fin de producir y vender bienes o servicios en un medio que la supera, el mercado;
  • b) es una realidad humana que se presenta como una vinculación organizada de hombres entre sí y con la empresa, integrados en un orden jerárquico y con funciones definidas de acuerdo con los objetivos económicos de la empresa;
  • c) es una realidad jurídica que se presenta como integrante de un sistema de relaciones externas que la vinculan con un conjunto de organismos y de fuerzas sociales que la trascienden (el Estado, cámaras patronales, sindicatos, opinión pública, etcétera)” (SHAW, 2010: 79-101).

 

“Al igual que todo grupo humano organizado, la empresa tiene un bien común específico que, derivado de su naturaleza y de sus objetivos, le es propio y, por lo tanto, debe ser tomado en consideración por todos sus miembros. En resumen, la empresa no debe ser considerada como integrada solamente por los propietarios de los medios de producción, sino como unidad de producción en la que los elementos que la integran (aportadores de trabajo y aportadores de capital) se vinculan entre sí y donde el respeto mutuo debe estar asegurado por la estructura misma de la empresa” (SHAW, 2010: 79-101).

“De lo expuesto se deduce que si bien la empresa funciona gracias a la búsqueda de una utilidad, el objetivo no puede ser la máxima cantidad de utilidades, sino el máximo de resultados positivos en todas las dimensiones” (Shaw, 2010: 79-101).

“A las diferentes dimensiones de la empresa antes mencionadas, corresponde una triple finalidad de la empresa:

“1) En lo económico:

  • Producir bienes o servicios para satisfacer auténticas necesidades humanas (fin externo).
  • Proveer retribuciones adecuadas para las diversas categorías de personas gracias a las cuales ella existe, funciona y se desarrolla, que son los aportadores de trabajo incluso en funciones dirigentes y los aportadores de capital (fin interno).

2) En lo humano, debe constituir una comunidad humana de trabajo, para lo cual debe contribuir a:

  • Unir a los hombres.
  • Desarrollar a los hombres.

3) En lo “público“:

  • Contribuir al bien de la comunidad de la que forma parte (bien común).

Estas tres finalidades se combinan entre sí, y cualquier decisión de los dirigentes de empresa debe tener a todas en cuenta; un equilibrio, una armonía es gravemente necesaria en la consideración simultánea de todas ellas” (SHAW, 2010: 89).

“La estructura de la empresa debe ajustarse a sus finalidades. El mínimo esencial es que asegure el respeto mutuo entre los diversos detentadores de derechos” (Shaw, 2010: 91).

“Admitida pues la triple finalidad de la empresa, abordemos algunas de las aplicaciones de dichos principios:

a) Dijimos que la primera es ‘producir’. Afirmación, a primera vista, banal. Pero si es así, consecuencia lógica es que la productividad (siempre que esta no se obtenga a expensas de la salud o de la dignidad de los trabajadores) debe ser impulsada, pues adquiere un significado no solamente técnico y financiero, sino humano y aun moral. Esto es de aplicación no solamente a los obreros y a los factores externos a la empresa (legislación del trabajo, régimen impositivo, etcétera), sino a los dirigentes de empresa, que, por lo tanto, tienen la obligación de ser eficientes y de rodearse de gente que lo sea. Si alguno no lo es, aun en el caso de ser el único propietario de los medios de producción de su empresa, falta a su deber, pues perjudica a la colectividad” (SHAW, 2010: 94).

“b) La segunda parte del primer objetivo es que los bienes producidos satisfagan auténticas necesidades humanas. Hay una jerarquía en las necesidades de una población determinada en un momento dado. No es lo mismo, en momentos de hambre, por ejemplo, invertir dinero en aumentar la capacidad de producción de leche que en la de perfumes, aunque esta última pudiera ser más rentable. Por necesidades humanas se entiende las de los integrantes de todas las categorías sociales” (SHAW, 2010: 94).

“c) Uno de los elementos constitutivos de una comunidad de trabajo dijimos que era proveer retribuciones adecuadas a los integrantes de la empresa. Pero esto no quiere decir que la empresa sea ‘una sociedad de beneficencia’. Como toda persona física o moral tiene deberes, a veces muy graves, de caridad, pero normalmente si por cambios en la técnica, por ejemplo, mayor uso de petróleo en lugar de carbón, quedan disminuidas las posibilidades de trabajo de los mineros de carbón, debe facilitárseles nuevos empleos a los mismos, pero no necesariamente (salvo graves circunstancias y en tal caso con apoyo del Estado, es decir, de toda la comunidad) mantener indefinidamente la producción de bienes que no se van a vender, pues ello significaría alterar el equilibrio de los fines de la empresa” (SHAW, 2010: 94-95)

“d) Se habla mucho, y con razón, de la necesidad de la unión de las clases sociales o de todos los integrantes de un mismo país frente a tal o cual peligro o flagelo social. La empresa, que es un lugar natural de encuentro donde miembros de los más diversos sectores de la sociedad durante varias horas por día tienden a un fin común, por lo tanto no debe ser un lugar donde se creen o intensifiquen las oposiciones de intereses o luchas de clase, sino, al contrario, debe ser un campo e instrumento de un nuevo orden social donde se favorezca la unión de los hombres entre sí. (…) De los bienes de carácter humano el primero que hay que procurar, el más eminente de todos, el que busca todo grupo en la medida en que tiende a su unidad, es la paz. La paz en la empresa significa comprenderse y ayudarse, la buena voluntad entre todos los que contribuyen a hacer la empresa lo que es, el trabajo en común en las condiciones lo más humanas posible de salarios, de higiene, de organización, de ejercicio de la autoridad” (SHAW, 2010: 95).

La empresa, que es un lugar natural de encuentro donde miembros de los más diversos sectores de la sociedad durante varias horas por día tienden a un fin común, por lo tanto no debe ser un lugar donde se creen o intensifiquen las oposiciones de intereses o luchas de clase, sino, al contrario, debe ser un campo e instrumento de un nuevo orden social.

“Para lograr la comunidad a que aspiramos son necesarias varias condiciones, pero sobre todo es indispensable un auténtico y fraternal espíritu comunitario.
 Este está compuesto por muchos elementos, por los diversos aspectos con que se proyecta sobre la tierra una verdadera caridad. En nuestro país, uno de los que tal vez son hoy más necesarios que nunca es el querer COMPRENDER (“corazón capaz de comprender, de sentir la miseria de los otros y la nuestra, que eso quiere decir misericordioso”
)” (SHAW, 2010: 193 y 48).

“Es psicológicamente necesario que el hombre medio no ‘sienta’ que las empresas lo oprimen, le impiden su progreso, sino que, a nuestro entender, el bien común exige hoy más que nunca que la gente tenga esperanza; por lo tanto, el conjunto de empresas de un país debe sembrar legítimas esperanzas y asegurar el razonable cumplimiento de las mismas. En este sentido encuentro admirable el eslogan de una conocida empresa norteamericana: ‘El progreso es nuestro producto más importante’ (suponiendo naturalmente que por progreso se entiende no únicamente el técnico). Si ellas no lo hicieran, el comunismo, gran aprovechador de las deficiencias del orden social, con el dinamismo que lo caracteriza, sabrá, sin duda, capitalizar en su provecho esa sed cada vez más insatisfecha de un mundo mejor” (SHAW, 2010: 102).

“Por el contrario, si se cumplen los verdaderos objetivos de toda empresa, ella no será más un fin en sí, ni un instrumento de sojuzgamiento del hombre por el hombre como nos quiere hacer creer el marxismo, sino ciertamente un instrumento al servicio de los hombres, más aún, por su contribución al desarrollo de la economía y de la personalidad de cada hombre, un factor de civilización” (SHAW, 2010: 102).

“La empresa debe ser fecunda, debe contribuir al aprovechamiento racional de los bienes de la tierra: a ella también se le aplica la parábola evangélica de los talentos. Todos los ‘talentos’ que colaboran en la misma deben ser utilizados de modo que contribuyan al desarrollo y a la armonía de la sociedad de la que forma parte; no solo el dinero ─talento peligroso pero poderoso─, sino también los hombres. ¿Quién puede dudar que el hombre es el más valioso de los talentos con que cuenta la empresa, el que mejor puede fructificar, el que ofrece, aun desde el punto de vista económico, mayor capacidad de rendimiento, ya que contiene en sí mismo una semilla espiritual de posibilidades casi ilimitadas?” (SHAW, 2010: 100-101).

“El mantenimiento del carácter privado de la empresa debe encontrar su justificación en la capacidad de la libre empresa para enfrentar las cargas, los riesgos y las responsabilidades de carácter económico y de carácter social que de otro modo terminarían por ser asumidas exclusivamente por la colectividad. Además, dada la posición que de hecho ejercen en todo lo económico-social, tienen, en su conjunto, graves deberes de caridad social. Por ejemplo, el de contribuir a la expansión futura de la sociedad, no solo mediante la reposición de su capital propio a través de los fondos de amortización, sino ayudando a la formación de un sistema educacional que permita que la gente capaz pueda desarrollar sus aptitudes. Este es el fundamento teórico del permitir a estudiantes efectuar ‘etapas de aprendizaje’ en las diversas secciones de una industria, aunque luego de terminados sus estudios no continúen en ella” (SHAW, 2010: 101-102).

“No basta con que la empresa sea un centro de creación de productos o de servicios que contribuirán a la ejecución del mandato bíblico de ‘dominar la tierra’; debe también enriquecer esa creación con los aportes de aquellos a los que durante mucho tiempo no se les ha pedido que sean más que meros ejecutores. Por ejemplo, tiene el deber de dedicar especial atención a la formación de los mandos intermedios y de los trabajadores, y de darles oportunidad de participar en la elaboración de los planes que están llamados a ejecutar. En cuanto a las metas en esta zona de actuación, si bien deben ser concretas tienen que ser fijadas de acuerdo con las condiciones económicas, políticas y sociales que afectan a cada empresa y que a su vez son afectados por ella. Es evidente que, por ejemplo, serán distintos en América del Norte que en la del Sur” (SHAW, 2010: 101).

“Creo que en los momentos que vivimos las más urgentes aplicaciones de estos principios son: 1) Voluntaria reforma interior de la empresa, de modo de establecer el diálogo con sus obreros, interesándolos en la vida de la empresa, haciendo que las relaciones se establezcan teniendo en consideración la verdadera dignidad humana, tendiendo así a una comunidad de empresa. 2) Organización profesional que permita una democratización de la economía en que la libertad esté resguardada mediante un conjunto orgánico de instituciones autónomas.
3) Una economía ordenada y dinámica, y que, sometida a la ley moral, provea la base material del bien común y de la paz social” (SHAW, 2010: 32-33).

“Lo importante es que, como todo grupo dirigente de la sociedad, la empresa no se desinterese del desarrollo económico. Más aún, no es ni siquiera suficiente que subordine su propio interés al del bien común; debe lograr armonizar los intereses públicos con los particulares de modo tal que lo que contribuye al bien común coincida con su propio interés. La empresa debe esforzarse para que todo aquello que es productivo para la sociedad, todo aquello que la fortalece y hace más próspera sea una fuente de estabilidad, prosperidad y beneficio para la empresa” (SHAW, 2010: 101).

Enrique recomendó al presidente de su compañía descartar un proyecto que perjudicaba al país, conforme surge del testimonio de Ricardo Palermo, que trabajó con Shaw como jefe de Tesorería.

 III.- Empresarios y directivos:

Parece ser que el nuevo sistema de empresas y compañías necesita un nuevo tipo de emprendedores y gerentes. ¿Cuáles son las características claves que empresarios y directivos deben alcanzar para estar a la altura de los nuevos desafíos sociales y empresariales?

“Hay que remediar las injusticias, trabajar con eficacia, energía, iniciativa. Considerar como deber de Estado el ser eficientes; para poder distribuir más hay que producir más. Además, la eficacia es la mejor garantía de la continuidad de trabajo para los obreros, y más importante que querer ─por vanidad─ que la empresa crezca” (SHAW, 2013: 55).

“Se ha hablado claramente sobre la importancia de la empresa como institución humana, económica y social. Es evidente, por lo tanto, que los hombres cargados con la pesada responsabilidad de dirigirlas tienen una importancia primordial, pues si ellos no cumplen con su función, tampoco las empresas lograrán sus auténticos objetivos. Veamos algo de su función mínima, la económica: un hombre, solo o con el apoyo de algunos otros, toma la iniciativa de un negocio y asume, en todo o en parte, el riesgo y la dirección. Es el dirigente de empresa en el sentido económico de la palabra. Su rol es complejo: obtener la confianza de quienes le facilitan el dinero, elegir el personal, fijar el objetivo, determinar los medios para cumplirlo, y asegurar la unidad, la prontitud en el tomar decisiones y la energía en la ejecución, merecer el crédito y la autoridad necesarios para lograr el triunfo” (SHAW, 2010: 20).

“Su función es difícil: elegir y dirigir hombres, conocer la profesión y el mercado, inspirar confianza… La experiencia nos enseña todos los días cómo, luego de un ‘cambio de dueño’, una empresa no sigue igual que antes, sino que mejora o empeora en forma marcada. El dirigente de empresa pone en su empresa no solo su dinero, sino también su tiempo, su capacidad, su honor. Es el agente más activo de la producción, el primero de los trabajadores, pues su misión es hacer que la empresa cumpla con su fin” (SHAW, 2010: 20).

“Podemos concluir de este rápido examen que, desde un punto de vista económico, nada es más necesario para la prosperidad de un país que el dejar un gran campo a la libertad de iniciativa y acción de los hombres que tienen el coraje de asumir grandes responsabilidades personales y contar así con empresarios capaces, activos y honrados. (…) Creo que tres son los deberes que más deben ser destacados: de servicio, de progreso y de ascensión humana. (…) Un servicio prestado al prójimo, directamente o a través de la comunidad. Pero sobre todo, se traduce en una actitud. El de progreso nos induce a estar a la cabeza de todo adelanto técnico que libere al hombre, multiplique su capacidad creadora y evite todo desperdicio de lo material. El usar todo el potencial de los hombres y de la tierra da un beneficio material, pero también deja un beneficio espiritual” (SHAW, 2010: 21-22).

“Se debe ver en cada hombre un ‘posible’ a quien facilitar la realización. Más que darles algo nuestro hay que hacerles descubrir lo que ellos tienen de bueno, haciéndolos pensar, por ejemplo, si no creen poder hacer algo mejor de lo que están haciendo. A veces alguien no sirve por culpa nuestra. En el trabajo se debe poder desarrollar la personalidad. La empresa, consciente o inconscientemente, es un molde. Los capataces son el hombre olvidado de la industria argentina; es en eso en lo que más se falla. Forma de actuar: definir responsabilidades; trabajar mejor; premiar a quien se lo merece; facilitar el trabajo en equipo porque así se pierden menos energías; definir los objetivos y dejar en libertad sobre cómo cumplirlos siempre que no atenten contra la dignidad humana; lo justo es siempre lo más conveniente. Insistir en lo del equipo. La fuerza de la cadena está dada por el eslabón más débil. Se debe procurar que los trabajadores tengan iniciativa, que piensen, sugieran y actúen, que no esperen las ideas de arriba. Así la gente trabaja más feliz. Hay una técnica de la acción que consiste en que la gente llegue a adoptar la iniciativa propia. Debe haber comprensión; si no, la gente se endurece. Mi función hacia la compañía, hacia ustedes todos, hacia el país, por medio de la compañía, es el servicio. Debo tener un corazón, pero no ser un sentimental. El director es cabeza que debe vitalizar” (SHAW, 2013: 49 a 51).

“No puede haber paz sin justicia. Esto no es algo que se procura ‘después’, sino que es el fundamento de cualquier relación humana.
 La justicia posibilita la paz, pero por sí sola no basta. Entre los colaboradores de la empresa no es suficiente que los derechos de cada uno encuentren una satisfacción proporcionada; la simple ‘coexistencia’ entre ellos no es digna del hombre. Deben tener conciencia de pertenecer a una comunidad que da a cada uno tanto como ella recibe, deben contribuir ─y el dirigente de empresa, primer responsable del bien común de la misma, más que cualquier otro─ a crear un clima de igualdad dentro del orden, de libertad dentro de la organización, de respeto recíproco del jefe y de los subordinados; cada uno viendo en el otro una persona humana, razonable y libre; cada uno viendo en el prójimo un colaborador dedicado a una obra idéntica y común; en otras palabras, debe haber un ambiente amigable. ¿Pensamos en ello los dirigentes de empresa cuando damos órdenes a un subordinado o atendemos un pedido sindical que consideramos injusto o imposible de cumplir? ¿Nuestro modo, nuestro estilo de vida, tiende a unir a todos aquellos con quienes entramos en contacto?” (SHAW, 2010: 94 a 100).

“Los dirigentes de empresa tienen por misión específica ser ‘hombres de empresa’ que acrecientan la vitalidad económica y promueven el desarrollo de la personalidad humana, para lograr así una economía ordenada y dinámica que sea una de las bases de la paz social; deben ser un agente multiplicador” (SHAW, 2010: 103).

Los dirigentes de empresa tienen por misión específica ser ‘hombres de empresa’ que acrecientan la vitalidad económica y promueven el desarrollo de la personalidad humana, para lograr así una economía ordenada y dinámica que sea una de las bases de la paz social; deben ser un agente multiplicador

Los paradigmas dominantes en los niveles académicos y de los negocios muestran a los directivos y emprendedores motivados por las ganancias económicas. ¿Usted cree que se trata tan solo de un paradigma o que es algo propio de la naturaleza humana?

“Beneficios: ¿objetivo o motivación? (…) Además de compensación por un servicio prestado, el beneficio debe ser estímulo por los riesgos que necesariamente corre quien actúa en el campo económico ─sea persona o empresa─, riesgos que son costos genuinos hasta que el futuro se haya convertido en pasado. Por lo tanto, un mínimo de lucro, adecuado a los riesgos tomados, es condición absoluta de subsistencia, no solo para el agente económico, sino para toda la sociedad, pues no existe una fórmula mágica que permita vivir a una empresa acumulando pérdidas, y a menos que tomemos esto en cuenta destruiremos la capacidad de producir” (SHAW, 2010: 87).

“Por otra parte, hay una cierta paradoja en discutir la legitimidad del beneficio cuando el mismo constituye la materia impositiva de la cual se alimenta la mayor parte de los presupuestos públicos. Por todo ello, un dirigente de empresa que deliberadamente, por negligencia o por incapacidad, no cuida el rendimiento financiero de la misma es no solamente un mal empresario, sino igualmente un mal ciudadano” (SHAW, 2010: 87-88).

“Pero nótese que esta justificación del beneficio en cuanto poderoso e indispensable estímulo de la actividad productiva es muy distinto de maximizar la ganancia como objetivo de la empresa. Lo que corresponde preguntar es: ¿cuál es el beneficio mínimo que necesita una auténtica empresa? y no ¿cuál es el máximo que se puede ganar?” (SHAW, 2010: 88).

“Si una empresa sube los precios de una manera irresponsable, cobrando el máximo que el mercado pueda pagar simplemente porque tiene poder para hacerlo, está trastornando los valores implícitos en el sistema económico (…) y anteponiendo su afán de lucro al servicio del público consumidor” (SHAW, 2010: 88).

“En otras palabras, es legítimo y necesario como motor de la economía pero no como fin único” (SHAW, 2010: 89).

“El fin primario es producir bienes y servicios: la utilidad es un fin secundario, es un motor para que la gente produzca ese servicio. Es legítimo en cuanto favorece al primario y no lo contradice” (SHAW, 2013: 58).

 

Fuentes:Revista digital Alumni – IAE