Semana Enrique Shaw | Presentación del libro


Durante la última semana de agosto, Juan Vaquer presentó el libro de Sara Shaw de Critto “Viviendo con alegría” el cual reúne testimonios y una breve biografía de su padre, el empresario argentino Enrique Shaw. Compartimos la presentación:

Me dio mucho placer y me resultó muy inspirador leer “Viviendo con Alegría” de Sara Shaw de Critto. Y quiero centrar mis reflexiones en una libertad, un derecho. Un derecho muy esencial, muy importante, inalienable, es decir que nadie nos lo puede quitar. Un derecho, o una libertad, que no está explícitamente reconocido en nuestra Constitución porque es incluso anterior a ella. Hablo del derecho a elegir nuestros modelos. La libertad que cada persona tiene de decidir qué ejemplo quiere seguir, a quién quiere imitar.

Y la forma en la cual cada uno ejerce ese derecho es vital. Porque los ejemplos que cada uno elija seguir van a ser fundamentales para determinar cómo será nuestra vida.  Hoy es muy difícil encontrar buenos ejemplos. A través de los medios, las redes sociales, estamos permanentemente bombardeados por malos ejemplos, malos modelos. ¿Hay buenos ejemplos? Sí, pero no abundan o es difícil encontrarlos.

Este es una magnífica forma de iluminar, de mostrar un poco mejor, de dar más visibilidad a un extraordinario, bueno, que tenemos bien cerca nuestro y es el de Enrique Shaw.

¿Por qué creo que Enrique Shaw es un modelo? Por varias cosas, pero por lo pronto por tres características que lo hacen bastante único para nosotros.

  • Es un hombre de nuestro tiempo. Alguien con quien fácilmente nos podemos sentir identificados. Muchas personas que hoy están con nosotros lo conocieron, se relacionaron con él. Vivió problemas, vicisitudes, como las que cualquiera de nosotros puede vivir. De niño, en el colegio, en el liceo, en la Marina, en la empresa, en su familia, en instituciones, con sus amigos…
  • Es un hombre de nuestro espacio. Es una persona que caminó nuestras mismas veredas, estuvo en esta misma ciudad, caminó por nuestros mismos lugares. Se vio enfrentado al mismo espacio que ocupamos hoy nosotros. Entonces es mucho más fácil identificarse. No es una figura distante, una figura en un altar con la que es difícil sentirse identificado.
  • Es un hombre de nuestra actividad del ámbito empresarial. Especialmente para quienes nos movemos en el mundo empresarial su conducta es una guía extraordinaria. Nos demuestra cómo se puede, cómo se debe actuar en el mundo de la empresa.

Estas 3 cualidades, ser un hombre de nuestro tiempo, de nuestro lugar y de nuestra actividad, lo hacen especialmente valioso como modelo inspirador a seguir.

Y esto hace que el libro sea realmente muy disfrutable de leer. El libro nos muestra muchos rasgos destacables de la personalidad de Enrique Shaw. Pero me referiré a algunos que me llamaron especialmente la atención:

  • La ALEGRIA (varios testimonios así lo muestran). El título está muy bien elegido y una cosa que llama la atención es cómo tantos testimonios reflejan la alegría de Enrique. La imagen estereotipada de un Santo, de una persona camino a la santidad, uno tiende a pensar, equivocado o no, en una persona aburrida. Pero el libro refleja que era claramente entretenido estar cerca de Enrique y es una virtud muy destacable de él.
  • La VALENTIA fue otro de los rasgos que me impresionó. Ese chico de 14 años, el más chico del Liceo en un cuarto lleno de camas con chicos todos mayores que él, y Enrique tenía la valentía de arrodillarse todas las noches a rezar, a pesar de que eso lo hacía motivo de “bullying” como le diríamos hoy. Esto es sólo una pequeña muestra. Me recordó a la frase de la oración por la Patria cuando dice “danos la Valentía de la libertad de los hijos de Dios”. Si uno se sabe hijo de Dios, es fácil ser valiente, lo difícil es saberse hijo de Dios. Enrique se sabía hijo de Dios.
  • La FE en Enrique era envidiable. Ese don tan profundo; esa convicción envidiable que le daba confianza de saber lo que tenía que hacer.
  • La cuarta característica era la Mientras leía el libro pensaba, “qué edad tenía en este momento”, y era muy chico. Todo lo hizo de muy joven porque falleció muy joven y pensaba en el ejemplo para los jóvenes y qué bueno que haya ejemplos como este de jóvenes virtuosos.
  • PREOCUPACIÓN POR LOS DEMÁS. El libro cuenta cuando van a Lourdes, él se sabe cerca de morir y sin embargo usa ese viaje no para pedir por su salud, sino para pedir por la conversión de su padre. Y termina enviándole una nota a su tío diciéndole que se hizo el milagro, el milagro que él pedía no era para él. Qué ejemplo tan fuerte para todos los empresarios y para todo ACDE: siempre ponía primero a los demás.

De la lectura deduje, por un detalle, que Enrique Shaw era devoto de Santa Teresita por una frase que escribe en una carta a su tío sacerdote diciendo: “Tus oraciones sin duda deben haber contribuido muchísimo, así como las de Santa Teresita al éxito de las misiones”. De ella se dice que su santidad consistía en que “hacía las cosas ordinarias de una manera extraordinaria”. Recordé mucho esa frase mientras leía el libro, sintiendo que refleja en gran medida lo que fue la vida de Enrique Shaw.

 

Un cuadro impresionista

Al leer el libro, que es ameno, de lectura muy agradable, inspirador, lo sentí como un cuadro impresionista. Como uno de esos cuadros (por ejemplo un Van Gogh) en los cuales cada pincelada parece autónoma, parece independiente. Para mí cada testimonio es como una pincelada en un cuadro impresionista.

Los impresionistas no se preocuparon tanto de reflejar lo que veían de un modo fotográfico. Esa fue su revolución. Buscaban representar la esencia de lo que veían; las sensaciones; los sentimientos; las impresiones. Un buen cuadro impresionista transmite mucho más que una foto. Un sol de Van Gogh refleja más calor y más luminosidad que una foto del sol.

Así es que sentí que cada testimonio era una pincelada de un cuadro impresionista. Esas pinceladas están armadas y vinculadas de tal forma que consiguen el mismo efecto de un cuadro impresionista: transmitir la esencia.

Y para mí esa esencia –y vuelvo al tema original del derecho y la libertad de elegir nuestros modelos y ejemplos-  es que Enrique Shaw eligió un modelo con absoluta convicción y fue fiel a ese modelo con una determinación extraordinaria. Y ese modelo fue CRISTO.

Recomiendo fervientemente la lectura de este libro porque transmite de forma amena, con la alegría que él llevó en su vida, un ejemplo de gran importancia para todos nosotros y que nos muestra el camino a seguir en la senda del Señor.

 Juan M. Vaquer, Presidente de ACDE.